Las recientes solicitudes de marca de Taylor Swift marcan un cambio notable en la forma en que las celebridades protegen sus marcas en la era de la IA generativa. En lugar de centrarse únicamente en nombres, letras de canciones o logotipos, Swift intenta registrar como marca algo mucho más escurridizo: su voz.

En concreto, ha presentado solicitudes sobre clips de audio breves que promocionan su nuevo álbum, junto con una imagen suya actuando en el escenario. Si bien las marcas sonoras no son nuevas, usarlas para proteger la voz de una celebridad frente a la imitación por IA es un terreno en gran medida inexplorado.

Y plantea una pregunta fundamental: ¿puede el derecho marcario —construido sobre el “uso en el comercio”— proteger realmente algo tan fluido como una voz humana?

Derecho marcario 101: todo empieza con el uso, no con la solicitud

En su esencia, el derecho marcario de Estados Unidos se basa en un principio simple: los derechos nacen del uso en el comercio, no solo del registro.

Para calificar como protegible, una marca debe:

Las solicitudes de Swift parecen estructuradas cuidadosamente para cumplir con este estándar. Los clips de audio no son grabaciones sonoras: son mensajes comerciales vinculados a plataformas específicas (Amazon Music y Spotify). Ese contexto importa.

Al insertar su voz en un mensaje comercial, refuerza el argumento de que el sonido funciona como identificador de origen y no como mera expresión creativa.

Por qué la IA cambia el panorama marcario

Históricamente, los artistas se apoyaban en el derecho de autor para proteger sus grabaciones. Pero la IA ha dejado al descubierto un vacío: hoy es posible generar una grabación nueva que suena como Taylor Swift sin copiar ninguna pista existente.

Ahí es donde el derecho marcario se vuelve atractivo.

La infracción de marca no exige una duplicación exacta. Depende de si algo es “confusamente similar” a una marca protegida. Si Swift logra registrar estas marcas sonoras, podría llegar a argumentar que las imitaciones de su voz generadas por IA crean confusión en el consumidor, especialmente en contextos comerciales.

Se trata de un cambio significativo: el foco legal pasa de copiar contenido a inducir a error al público.

El desafío: probar la distintividad a través del uso

Aquí es donde las cosas se complican.

No todo sonido —ni toda voz— califica como marca. Para estar protegida, debe ser:

Ejemplos icónicos como las campanillas de NBC o el rugido del león de MGM cumplen ese estándar porque son:

El desafío de Swift será demostrar que frases específicas en su voz funcionan de la misma manera.

Y eso nos devuelve al “uso en el comercio”. Presentar una solicitud es apenas el comienzo. Para mantener y hacer valer estos derechos, deberá acreditar:

¿Un nuevo manual para la protección de marca?

Swift no está sola. Matthew McConaughey y otras celebridades están explorando estrategias similares, lo que anticipa una tendencia más amplia: convertir la identidad misma en propiedad registrada como marca.

Para las empresas y los creadores, esto tiene implicaciones reales.

Si los tribunales aceptan este enfoque, podríamos ver:

Qué deben aprender las empresas

Aunque usted no sea una estrella pop global, la lección de fondo es muy relevante:

Piense más allá de los nombres y los logotipos

Las marcas pueden incluir sonidos, elementos visuales y otros componentes no tradicionales, siempre que funcionen como identificadores de origen.

Ancle todo en el uso comercial

Una idea ingeniosa o un activo único no es protegible salvo que se use activamente en el mercado.

Sea consistente

La repetición y la consistencia son lo que convierte un elemento creativo en una marca legalmente protegible.

Documente su uso

Mantenga registros claros de cómo y dónde aparece su marca en el comercio. Esto es crítico en cualquier disputa.

El panorama general

Las solicitudes de Swift ponen de relieve una realidad más amplia: la ley corre para alcanzar a la tecnología.

El derecho marcario, con su énfasis en la percepción del consumidor y el uso en el mercado, puede convertirse en una de las herramientas más flexibles disponibles para combatir la suplantación impulsada por IA. Pero su éxito dependerá de cómo interpreten los tribunales estos nuevos tipos de marcas.

Por ahora, algo está claro: en un mundo donde las voces pueden clonarse y las identidades replicarse, el “uso en el comercio” ya no es solo un tecnicismo legal: es el fundamento de la protección de la identidad digital.